Durante mis estudios universitarios, desarrollados en la Universidad Nacional de Buenos Aires, superado el tercer año e iniciada la actividad hospitalaria, en mi caso en el Hospital Fernández, podíamos ingresar en alguna guardia como ‘practicantes’. Mal que me pese, y aunque me sigo sintiendo joven, ya transcurrieron 40 años de la anécdota que paso a detallar. Allá por 1974, comencé a asistir a un servicio de guardia en un Hospital público del conurbano bonaerense, en la ciudad de Morón. Esta ciudad tiene a su alrededor varios nudos carreteros de importancia, por lo que a la actividad propia de una guardia, se le sumaban accidentados de la más variada gravedad. Seguramente hoy los sigue teniendo y en mayor número, habida cuenta de nuestra mala educación conductiva y peatonal. Pero el motivo que hoy genera esta referencia es un hecho mucho más simple y cotidiano: una clásica consulta no urgente, que a veces satura nuestras guardias médicas. Esa tarde, en uno de los cuat...